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miércoles, 19 de junio de 2013

CONGA: La absurda terquedad de Merino



 
Escribe Pedro Francke

 

Miles de ronderos se movilizaron a ayer  a la laguna El Perol para protegerla e impedir que se convierta en un enorme tajo abierto del proyecto Conga. La semana pasada, la empresa Yanacocha luego de unas declaraciones provocadoras anunciando el trasvase de las aguas de El Perol, retrocedió y dijo que eso se vería el próximo año. Pero ayer mismo, el ministro de energía y minas Jorge Merino en una entrevista afirmaba que “Conga va”, provocando una agudización del conflicto.

 

“Con lo que ocurre en el mundo, el Perú no puede dejar de lado una inversión tan grande como Conga”, ha dicho el ministro. Transparenta así Merino que para el gobierno la inversión de una gran empresa es más importante que la de miles de medianas y pequeñas empresas, o que la de millones de agricultores y microempresarios. Ministro Merino: quien pone un pequeño restaurante, amplía su panadería, mejora sus artesanías o abre un hostalito en Celendín, también es inversionista. El campesino que se compra una vaca de mejor calidad o instala su riesgo tecnificado con pastos mejorados, también es inversionista. Son además inversionistas que reducen la pobreza y están comprometidos con el Perú, y por eso deben ser preferidos al que pone millones en las bolsas electorales y se lleva sus ganancias al exterior, ministro Merino.

 

Al mismo tiempo, Merino anunció que la inversión minera, sin Conga, creció 20% en lo que va del año. ¿Cuál es, entonces, la desesperación porque Conga va sí o sí? El mismo diario que sacó la entrevista a Merino, en otra sección refería un estudio según el cual, incluso en el “escenario más catastrófico” en el que “aparte de no haber exploración varios proyectos de explotación en desarrollo se paralizan”, la inversión minera en este gobierno sería de 19 mil millones de dólares. Esto incluye ocho grandes proyectos de cobre, pero no Conga. Si lo vemos comparativamente, en el gobierno del “perro del hortelano” de Alan García, donde hubo un crecimiento económico alto y muchos conflictos con muertos de por medio, la inversión minera fue de 10 mil millones de dólares. Es decir, sin Conga y sin varios otros proyectos, todavía la inversión minera en este gobierno será mucho mayor que antes. ¿Por qué entonces la terquedad, ministro Merino? Haga sus sumas y restas, señor ministro, y deje de ser tan solo un propagandista simplón de la minería.

 

Propagandista que, además, ni siquiera dice la verdad. Porque la propia mina Yanacocha, en relación a Conga, ha dicho en un comunicado público que “La construcción de Conga continuará solo si [hay] retornos aceptables que justifiquen futuras inversiones”. Es decir, la empresa no está segura de que “Conga va” por razones de precio (“retornos aceptables”). Pero el ministro habla como si Conga fuera rentable cualquiera sea el precio del cobre, algo que cualquier economista sabe es imposible.

 

Los cajamarquinos no quiere que le quiten y contaminan su agua. Prefieren El Perol a Conga.  Conga no es indispensable para la economía nacional, los números lo dicen. Pero Merino sale de manera insensata a defender la codicia y a atizar los conflictos. Que eso no le gane a nuestro espíritu de paz y vida.

 

Publicado en La Primera, 19 de junio de 2013

viernes, 31 de mayo de 2013

Faenón minero en otoño

 
Por Carlos Monge*

 
Como si estuviésemos en primaveral temporada de toros, el otoño del 2013 pasará a la historia como el de un faenón del lobby minero. Frente a un muy débil toro gubernamental, el lobby minero se ha dado un paseo, cortando ambas orejas y rabo, y –ay!!- quien sabe si algo más.

 
Todo comenzó con una pequeña baja en el precio de metales como el oro y el cobre y anuncios de una baja igualmente leve en el crecimiento esperado de la China, gran compradora de estos commodities. A ello siguió el anuncio de que empresas como Newmont y Angloamerican abandonarían proyectos (Conga, Michiquillay, Quellaveco) al no tener garantizada la rentabilidad esperada por los accionistas e inversionistas. Lo siguiente fue la histérica campaña de medios y líderes políticos lobistas de las empresas: ¡Se paraliza la inversión minera! ¡Se paraliza el país! ¡Es el fin de mundo! ¡Hay que hacer algo!

 
Las respuestas del gobierno pudieron haber sido varias. Podría haber dicho, por ejemplo, “felizmente, en realidad no hay problema” pues con Alan García tuvimos 10 mil millones de dólares de inversión y ahora con Toromocho, Las Bambas, Antapaccay y las ampliaciones de Cerro Verde, Shougang y Southern, tendremos algo más o menos igual. O podría haber dicho, “caramba, hay que diversificar las fuentes de renta pública”, volviendo los ojos a otras actividades socialmente más inclusivas y ambientalmente más sostenibles, dinamizando la agricultura, el turismo, algunos servicios, etc.

 
Pero no. Lo que ha hecho es arrodillarse ante el matador y ofrecer el morro para la estocada final. Así, entre abril y mayo del 2013, se sucedieron las medidas exigidas por los mineros, sus medios y sus presidenciables: la Ley de Consulta no va en la sierra (donde están la mayoría de los proyectos mineros) pues los quechuas y aymaras ya no son indígenas sino campesinos; se flexibiliza el mecanismo para conseguir los Certificados de Inexistencia de Restos Arqueológicos; y ahora se anuncia lo mismo para la aprobación de los Estudios de Impacto Ambiental.

 
¡No se vayan! ¡Quédense por favor! ¡Pidan lo que quieran! Estos son los mensajes que el Presidente Ollanta Humala da. Una lástima, pues la coyuntura se presenta favorable más bien para hacer un conjunto de reformas indispensables en la gestión del sector minero: terminar de armar el SENACE eliminando las trampas que hay en su ley; fortalecer aún más la OEFA y su capacidad de evaluar, fiscalizar y sancionar; reformar la ley y el reglamento de consulta y publicar y debatir abiertamente la base de datos sobre pueblos indígenas; reformar el sistema de concesiones mineras. Esa es la agenda, y las condiciones están dadas para abordarla. Pero con un toro echado desde el saque ante el torero, poco se puede esperar.

 
Como si estuviésemos en primaveral temporada de toros, el otoño del 2013 pasará a la historia como el de un faenón del lobby minero. Frente a un muy débil toro gubernamental, el lobby minero se ha dado un paseo, cortando ambas orejas y rabo, y –ay!!- quien sabe si algo más.

 
Todo comenzó con una pequeña baja en el precio de metales como el oro y el cobre y anuncios de una baja igualmente leve en el crecimiento esperado de la China, gran compradora de estos commodities. A ello siguió el anuncio de que empresas como Newmont y Angloamerican abandonarían proyectos (Conga, Michiquillay, Quellaveco) al no tener garantizada la rentabilidad esperada por los accionistas e inversionistas. Lo siguiente fue la histérica campaña de medios y líderes políticos lobistas de las empresas: ¡Se paraliza la inversión minera! ¡Se paraliza el país! ¡Es el fin de mundo! ¡Hay que hacer algo!

 
Las respuestas del gobierno pudieron haber sido varias. Podría haber dicho, por ejemplo, “felizmente, en realidad no hay problema” pues con Alan García tuvimos 10 mil millones de dólares de inversión y ahora con Toromocho, Las Bambas, Antapaccay y las ampliaciones de Cerro Verde, Shougang y Southern, tendremos algo más o menos igual. O podría haber dicho, “caramba, hay que diversificar las fuentes de renta pública”, volviendo los ojos a otras actividades socialmente más inclusivas y ambientalmente más sostenibles, dinamizando la agricultura, el turismo, algunos servicios, etc.

 
Pero no. Lo que ha hecho es arrodillarse ante el matador y ofrecer el morro para la estocada final. Así, entre abril y mayo del 2013, se sucedieron las medidas exigidas por los mineros, sus medios y sus presidenciables: la Ley de Consulta no va en la sierra (donde están la mayoría de los proyectos mineros) pues los quechuas y aymaras ya no son indígenas sino campesinos; se flexibiliza el mecanismo para conseguir los Certificados de Inexistencia de Restos Arqueológicos; y ahora se anuncia lo mismo para la aprobación de los Estudios de Impacto Ambiental.

 
¡No se vayan! ¡Quédense por favor! ¡Pidan lo que quieran! Estos son los mensajes que el Presidente Ollanta Humala da. Una lástima, pues la coyuntura se presenta favorable más bien para hacer un conjunto de reformas indispensables en la gestión del sector minero: terminar de armar el SENACE eliminando las trampas que hay en su ley; fortalecer aún más la OEFA y su capacidad de evaluar, fiscalizar y sancionar; reformar la ley y el reglamento de consulta y publicar y debatir abiertamente la base de datos sobre pueblos indígenas; reformar el sistema de concesiones mineras. Esa es la agenda, y las condiciones están dadas para abordarla. Pero con un toro echado desde el saque ante el torero, poco se puede esperar.

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* Carlos Monge es antropólogo por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y doctor en Historia por la Universidad de Miami. Posee experiencia en trabajo de promoción rural y desarrollo sostenible, asesoría y de consultoría a gremios campesinos locales y nacionales, organizaciones privadas de promoción del desarrollo e instituciones públicas. Es autor de varias publicaciones sobre temas vinculados al desarrollo rural, los movimientos sociales, la descentralización, la participación ciudadana y las industrias extractivas.

Publicado  en el diario La Primera, 28 de mayo de 2013

domingo, 28 de abril de 2013

Caen Precios, Caen Proyectos



Escribe Carlos Monge
Quienes hemos venido diciendo que el Proyecto Mina Conga es inviable ambiental, social y políticamente, hemos sido frecuentemente acusados de conspirar contra el desarrollo nacional pues el crecimiento de la economía y el bienestar de las mayorías dependería de esa y otras inversiones mineras.

Pues bien, parece que, efectivamente, Conga No Va. Y parece que tampoco van otros proyectos en Cajamarca (¿Michiquillay? ¿Galeno?), ni tampoco Quellaveco en Moquegua. ¿Qué pasó? ¿Rotundo triunfo de los antimineros? Santos y Arana hicieron retroceder a Newmont, Lúmina y Angloamerican?  Pues no. Más bien parece que el ajuste hacia abajo de los precios internacionales del cobre y del oro hace dudar a sus accionistas de la rentabilidad de estos proyectos, y deciden pararlos como haría cualquier inversionista con dudas ante la conveniencia de inversiones de esas magnitudes.

Y este no es un tema solamente en el Perú. En diversas partes del mundo grandes empresas mineras han puesto en compás de espera o han suspendido algunos grandes proyectos, pues eran rentables con precios altos, y parece que están dejando de serlo ahora que estos precios bajan un poco.  Es más, varias de estas grandes empresas mineras están despidiendo a sus jefes por haber apostado por grandes inversiones que dependían de demandas y precios sostenidamente altos –lo que es imposible en un mercado que es volátil por naturaleza-. De ello pueden dar fe Tom Albanese, Cynthia Carroll, Roger Agnelli, Marius Kloppers, Diego Hernandez, Aaron Regent, Tye Burt, y Richard O’Brien, los y las líderes de Rio Tinto, Anglo American, Vale, BHP Billiton, Codelco, Barrick Gold, Kinross Gold, y Newmont Mining que en estos meses han perdido sus cargos o están a punto de perderlos por esta razón.

Si estas noticias se confirman para el Perú, varios de los analistas que predecían el fin del mundo si Conga se paraba, ya tendrían que estar alistando maletas y despidiéndose de familiares y amigos. Pero quizás no sea para tanto. Según nos ha ilustrado Marita Chappuis en un reciente panel en La Mula, Conga, Galeno y Michiquillay tienen baja ley de mineral y efectivamente pueden dejar de ser rentables por una baja moderada de los precios. Pero no pasaría lo mismo con proyectos de oro y cobre con mejores leyes de mineral. Por ejemplo, Tintaya, Las Bambas, y Antapaccay en Cusco y Apurímac. También Cerro Verde y Toquepala y Cuajone más al sur.

En suma, se caen algunos proyectos pero otros no, y el debate nacional sobre los condicionamientos sociales y ambientales a la gran minería sigue adelante. Eso sí, al final puede ser que Newmont deba agradecerle formalmente a Santos y Arana haberles evitado enterrar miles de millones de dólares en una inversión poco rentable en Conga.

 

Publicado en el Diario La Primera, 23 de abril de 2013