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lunes, 23 de febrero de 2015

Organizaciones expresan su descontento sobre la consulta previa en los lotes 169 y 195

Entre los principales cuestionamientos está el poco tiempo en los que han sido ejecutados, su lenguaje altamente técnico y la falta de discusión de los impactos reales de los proyectos; así como de las medidas que se adoptarán para proteger los derechos colectivos.
 
El presidente de la organización regional AIDESEP Ucayali, Lizardo Cauper, cuestionó  los  procesos de consulta previa llevados a cabo en las áreas de influencia directa de los lotes petroleros 169 y 195, ubicados en las regiones de Ucayali y Huánuco, respectivamente.
 
El caso del lote 169 fue el primer proceso realizado desde que se aprobó el reglamento de la Ley de Consulta Previa en abril de 2012. El organismo encargado de ejecutarlo fue Perupetro.
 
Para Cauper, quien, como representante de AIDESEP fue actor y veedor de estos dos procesos, una de las críticas más saltantes fue el poco tiempo que se dedicó a informar a la población acerca de todo lo que conlleva la explotación petrolera.
 
En una publicación del Ministerio de Cultura en donde se sistematiza la consulta previa de estos dos lotes se indica que las comunidades fueron informadas de las  repercusiones del proyecto en un tiempo de 30 días. Es más,  respecto a Lote 169 se señala que la etapa de diálogo se llevó a cabo en 8 días, entre el 12 y 20 de diciembre de 2013.
 
El líder indígena señaló que los plazos establecidos no guardan relación con la complejidad cultural de las zonas.  El área de influencia del lote 169 alberga a tres pueblos indígenas: Asháninka, Yaminahua y Amahuaca; mientras que en el lote 195  existe presencia de los pueblos indígenas: Shipibo-Konibo y Kakataibo.
 
Además, señaló que esta deficiencia se hace más sentida, si se considera que la población consultada  presentaba bajos niveles de educación y altos índices de analfabetismo y que las autoridades conocían de ello:
  
“No tuvieron en cuenta el grado de instrucción de la población consultada. En tres días de talleres informativos no quedó nada, puesto que los temas eran técnicos. El papel aguanta todo, pero en las acciones, los hechos son completamente distintos y negativos para nosotros. El diálogo fue completamente desigual”, comentó Cauper.
 
El líder indígena consideró que el Estado vio este proceso como un mero trámite. Pero además, resaltó  la necesidad de que el Estado sea claro en lo que consulta:
 
“Es necesario que los temas tratados queden claros. No hablan de impactos, sino de posibles impactos. Y no dicen cuáles son los reales impactos y si es que suceden, cómo se procedería”.
 
Es más, Lizardo Cauper cuestionó profundamente la forma en qué se discutió las condiciones de los contratos de licitación de los lotes. Al respecto señaló que en el proceso no se puede determinar en qué claúsula  ni cómo se introducirán las medidas para garantizar los derechos colectivos y que en realidad es difícil determinar qué se está consultando:
 
“Perupetro tiene que aprobar de acuerdo a consulta para dar licitación a un contrato privado.  Pero vamos a ver ¿Qué contiene el contrato? ¿En qué parte del contrato de licitación va a garantizar el derecho colectivo de los pueblos? ¿En qué cláusula se especificará el tema? ¿Qué se ha consultado?”, manifestó.
 
Sobre los acuerdos, comentó que se ofrecen empleos, y se pregunta qué empleos se generarán para una población con bajos niveles de educación.
“Ellos solo dicen que va a generar empleo, que el país va a desarrollarse, que van a generar oportunidades, pero ¿Para quién? y “cómo”, sentenció.
 
Por su parte, Pilar Camero, Coordinadora del Programa Ecosistemas y Derechos de la organización Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR), acotó que en estos procesos de consulta no se garantiza los derechos y demandas.
 
“Por ejemplo, la titulación pendiente no es abordada ni se agenda su atención, tampoco sobre las recomendaciones ante posibles impactos ambientales. Si estas propuestas no son llevadas a ser incluidas como parte de modificaciones del Contrato de Licencia de Hidrocarburos y la inclusión de la consulta a futuro en instrumentos de gestión ambiental (EIAs), este proceso no será eficaz ni eficiente en la realidad”, señaló.
 
En cuanto a si el Estado ofrece la garantía de respetar los acuerdos pactados en el proceso de consulta, Camero consideró que las instituciones del Estado quedan asumiendo un rol “como juez y parte” y, quizás, organismos como la Defensoría del Pueblo debería jugar un papel más activo en esta fiscalización y control de los compromisos.
 
“Asimismo, una de las propuestas, desde el primer proceso de consulta en este sector, de las organizaciones y comunidades nativas, ha sido poder tener participación efectiva en Comité de Supervisión del contrato lo que implica modificar la Cláusula Sétima del modelo de contrato de licencia para hidrocarburos, lo que es un reclamo legítimo de los pueblos indígenas, que guarda relación con la medida consultada y sobre lo cual hasta ahora el ente rector, Perupetro, no ha querido entregar una respuesta a la altura del estándar normativo”, puntualizó.
 
*Foto: tomada de revistaoronegro.

viernes, 17 de enero de 2014

Incertidumbre sobre el proceso de consulta en el Lote 192


A pesar de los anuncios triunfalistas del Ejecutivo en relación a los procesos de consulta previa en el Lote 169 o por la reciente decisión de publicación de la guía metodológica para la primera semana de febrero, lo cierto es que el proceso de consulta previa en el Lote 192 –emblemático por ser el primero que anunció el Gobierno-sigue entrampado y está rodeado de mucha incertidumbre sobre su futuro.

 “El tema de fondo tiene que ver con el modelo de crecimiento del Estado en los últimos 20 años basado en la extracción de materias primas que están en territorios indígenas. ¿Es posible seguir creciendo de la manera en que se está haciendo  y a la vez respetar derechos de los pueblos indígenas como el territorio o la consulta? Hasta el momento pareciera que no, porque el Gobierno no ha sabido resolver esta situación. El Gobierno tiene la obligación ética, moral y política de encontrar una solución a esto: respetar los derechos de los pueblos indígenas y promover su desarrollo, y a la vez también buscar cómo obtener recursos para la energía que necesite el país”, afirma Ismael Vega, investigador del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP).

“Las comunidades indígenas alrededor del Lote 192 están amparados por la Ley de la Consulta Previa y también por el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Se les tiene que consultar”. “De lo que se trata aquí es de un tema de derechos: derecho a la tierra, a los recursos naturales, a la consulta misma que están en juego”, explica Ana Leyva, abogada de la Fundación Ecuménica para el Desarrollo y la Paz (Fedepaz).

Las comunidades indígenas de las cuencas de los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y Marañón, en la selva loretana, conviven desde los años setenta con la exploración y explotación petrolífera, inicialmente bajo la compañía Occidental Petroleum Corporation of Perú (Oxy) y desde el año 2000 por Pluspetrol. De este lote se extrae casi el 12% de la producción nacional de petróleo. “Se trata de un lote estratégico para el Perú porque si se deja de explotar, se paralizaría la industria en el país, se paralizaría el país en realidad”, explica Vega.

“Sería muy grave que el Ejecutivo rompa el diálogo o que recurra a la extensión del contrato. Las organizaciones indígenas en estas zonas han tenido-y siguen teniendo- una capacidad de respuesta pacífica, empleando todos los recursos legales que el mismo Estado ha aprobado. Pero creo que también estas organizaciones estarían dispuestas a defender su territorio y sus derechos. Creo que se generaría una situación de ingobernabilidad, de escalamiento del conflicto a una situación muy grave que podría ser inmanejable”, sostiene el investigador del CAAAP.

El contrato de concesión de Pluspetrol sobre este lote vence en 2015, por ello las comunidades demandaron al Estado el cumplimiento de cinco demandas mínimas,-como la remediación de la contaminación o indemnización, entre otras-, antes de la realización de la consulta previa anunciada. Sin embargo, el Estado no las ha cumplido hasta el momento y  esto ha provocado el estancamiento del proceso.

“Desde el Gobierno ha habido la idea de que la consulta previa era un proceso que solo se podía resolver diciéndole a los pueblos indígenas los beneficios económicos que se pueden obtener de la actividad petrolera. Mientras para el Gobierno la intervención del territorio tiene que ver básicamente con la evaluación de costos y beneficios, para los pueblos indígenas constituye un espacio a partir del cual se estructura toda su vida”, afirma Vega.