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viernes, 18 de julio de 2014

Resumen Ejecutivo: 14° Informe del Observatorio de Conflictos Mineros en el Perú

El 14° Informe del Observatorio de Conflictos Mineros en el Perú,  elaborado por las organizaciones no gubernamentales Grufides, CooperAcción y Fedepaz, en esta edición hace un balance de los conflictos por macro regiones: sur, centro y norte. Si bien es cierto, es menor el número de conflictos así como su intensidad, pues los estallidos sociales del 2012 (Conga, Espinar y otros) no se han reproducido; la balanza ha girado hacia el sur andino, siendo además la región que concentra el 53% de inversiones mineras del país.  Apurímac es el departamento que concentra este año el mayor número de conflictos sociales.
 
El informe hace un análisis del impacto del  recién aprobado Proyecto de Ley  que establece un conjunto de medidas tributarias, la simplificación de procedimientos y permisos para la promoción y dinamización de la inversión en el país. Este proyecto de Ley debilita las funciones del Ministerio del Ambiente (MINAM), ejemplo de ello es que  el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) priorizará temas de educación y difusión de la normativa, dejando de lado su función principal que es la de sancionar por tres años. Asimismo,  el MINAM ya no podrá crear áreas naturales protegidas, tampoco fijará los Estándares de Calidad Ambiental y los Límites Máximos Permisibles, entre otros. Este paquete  de reformas legislativas recuerda a los Decretos Legislativos que originaron los trágicos sucesos de Bagua.
Este paquete  es una  respuesta  a las presiones de los círculos empresariales que desataron una fuerte campaña desde el año pasado  señalando que la economía del país se estaba desacelerando, incluida la minería. Sin embargo, no se puede ser tan categórico en el caso de este sector, pues pese a la caída de los niveles de producción  del oro y las menores cotizaciones internacionales, la evolución del PBI minero metálico podrá seguir siendo positiva en los próximos años, sustentada sobre todo en el salto productivo del cobre, que en principio se duplicaría hasta el 2016. Asimismo, las cifras oficiales del Ministerio de Energía y Minas muestran que las inversiones en minería se incrementaron un 18% entre el año 2011 y 2012, superando en el 2013 los US$ 9,700 millones.
El informe sostiene que  las bases objetivas que explicaban el aumento de los conflictos vinculados a las actividades mineras no han cambiado. Además, con la aprobación de ese paquete no sería extraño que aparezcan nuevos escenarios de conflictividad asociados a esta medida. Según el informe de la Defensoría del Pueblo, correspondiente al mes de mayo, se reportan 135 conflictos socioambientales, es decir, el 63,7% del total (212). De éstos, el 74,1% están vinculados a conflictos generados por la actividad minera (100 casos), situándose a la cabeza de la lista. Además, según los últimos datos, el 20,23% del territorio peruano se encuentra concesionado, es decir casi 26 millones de hectáreas.
Otro aspecto que caracteriza este momento es el calendario electoral. Este hecho tiene una fuerte influencia, pues los conflictos mineros tienden a “electoralizarse”, de tal manera que los diferentes actores  (líderes sociales y empresas mineras) buscan canalizar sus expectativas, demandas y propuestas. Está claro que para las empresas mineras las elecciones son un escenario clave en este periodo y lograr alcaldes funcionales a sus intereses es un objetivo central.
Uno de los conflictos más relevantes del primer semestre ha sido el de los mineros informales y la organización de la denominada Marcha de los Cuatro Suyos. A pesar del nuevo Decreto Supremo que se promulgó el 20 de abril, por el cual el Gobierno ha puesto en marcha la llamada Etapa de Saneamiento, -que en realidad es una interpretación más flexible de los plazos del proceso de formalización (El Decreto Legislativo N°110 estableció como fecha límite el 19 de abril)-; lo cierto es que los problemas estructurales que han minado hasta ahora el proceso de formalización minera se mantienen y plazos más o menos flexibles no garantizan mayor efectividad (la nueva estrategia tiene como objetivo final el año 2016).
 Esta realidad pone de manifiesto la necesidad de un Estado con capacidad de actuación multisectorial; además de la coordinación eficiente entre los diferentes ministerios y diversos organismos estatales, es necesario articular con las regiones.  Conviene recordar que de los 59,556 mineros que se han inscrito en el Registro Nacional de Declaración de Compromisos, apenas 100 mineros han cumplido con los requisitos. En definitiva, se sigue constatando que desde el Estado no se cuenta con estrategias integrales, con capacidad de intervención multisectorial sostenida en el campo para enfrentar un fenómeno que ha alcanzado niveles alarmantes en varias regiones de país.
La macro región sur. Las regiones de Apurímac, Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna concentran algo más del 35% de los conflictos sociales que se producen en el país,  en su gran mayoría vinculados a la actividad minera.
De estas regiones, Apurímac es, según la Defensoría del Pueblo, la zona que registra el mayor número de conflictos sociales a nivel nacional, representando los socioambientales el 64% de los mismos. Además, el 68% del territorio está concesionado a la industria minera. Entre las principales causas de conflictos destacan temas vinculados al acceso y afectación de fuentes hídricas, el incumplimiento de compromisos asumidos por las empresas y autoridades nacionales, el uso de tierras sin autorización y la creciente actividad minera informal. Incluso episodios de violencia comienzan a aparecer en el escenario vinculado a la minería informal, como el asesinato de la familia del dirigente de los mineros artesanales de la comunidad de Pamputa, Carmelo Anjo, ocurrida el 19 de septiembre de 2013.
Algunos hechos que, sin duda, marcarán la agenda en esta región en los próximos años son: en primer lugar, la concreción de la venta del proyecto Las Bambas a la empresa china Minmetales por US$ 5,850 millones, y en segundo lugar, el anuncio de una nueva modificación del Estudio de Impacto Ambiental del proyecto Las Bambas.
Puno es el tercer departamento con el mayor número de conflictos sociales, después de Apurímac y Ancash, con un total de 18 casos, de los cuales la mitad responden a problemas socioambientales principalmente vinculados a la actividad minera. Uno de los temas más complejos en esta región es el de la minería informal y minería artesanal que impactan desde hace varios años las reservas y captaciones de agua de las cuencas de los ríos Suches y Ramis. En cuanto a la minería formal, se registran denuncias de poblaciones por la actividad de Minera La Poderosa, Minsur, Bear Creek, Arasi S.A. y Sillustani. Las demandas giran en torno a los pedidos de consulta previa y temas de compensación por los impactos ambientales.
En la región Cusco, el 23% de su territorio está concesionado a la minería, y el 84% de los conflictos (más de 11 al mes) son por razones medioambientales, vinculados una gran parte de ellos a la minería. Comparte las causas de los conflictos que afectan a Apurímac. Los conflictos alrededor de la gran minería también aparecen en la agenda, siendo el más conocido el de la provincia de Espinar, en torno a las operaciones de la mina Tintaya, en proceso de cierre y el del nuevo proyecto de Antapaccay, propiedad del conglomerado suizo Glencore-Xtrata.
Arequipa (48,4% de su territorio concesionado) aparece, en comparación con las anteriores regiones mencionadas, como una zona con menores niveles de conflictividad, aunque  sí registra algunos casos de conflictos largos y complejos, como es el caso Tía María de la Southern Perú que ha vuelto a la palestra este año tras ser relanzado, luego de varios años de paralización por la oposición de la población al proyecto. La empresa ha señalado que no escatimará  gastos para sacar adelante el proyecto y se anuncia que el nuevo Estudio de Impacto Ambiental (EIA) será aprobado próximamente. Alrededor de este caso no se registra un proceso de diálogo formal.
Moquegua es  una región con el 70,6% de su territorio concesionado a la industria minera,  y presenta bajos índices de conflictividad. No obstante, en los últimos meses se han registrado en promedio tres conflictos sociales activos, uno de ellos de carácter socioambiental vinculado a la presencia de la empresa minera Southern, que mantiene actividades de extracción, fundición y refinería en dos provincias de la región. Otro tema importante en Moquegua es el posible desarrollo del proyecto Quellaveco de la empresa Anglo American.
Finalmente, en Tacna- con el 53,9% de su territorio concesionado a la minería-  también se ubica la empresa minera Southern por más de cincuenta años, explotando el yacimiento de Toquepala. Adicionalmente, desde el 2012, la empresa Minsur realiza actividades de exploración en el proyecto Pucamarca, muy cerca de la frontera con Chile.
La macro región centro. Esta zona muestra el renacer de un dinamismo productivo en minería con problemas ambientales que se arrastran.
En Junín, -con el 27% de su territorio concesionado a la minería-,la entrada en producción del mega-proyecto Toromocho, de la empresa Chinalco, se reafirma todo un corredor minero dinámico y con proyección para nuevas inversiones. Este proyecto avanza pese a tener varios temas pendientes que no han sido solucionados: la falta de diálogo y los problemas ambientales y sociales por el reasentamiento del distrito de Morococha siguen sin solución, a lo que se le suma un inicio accidentado de la fase productiva.
Los administradores del Complejo Metalúrgico de La Oroya (CMLO), en su intento por salir de la crisis, continúan apostando por la reestructuración, aunque ello le cueste la oposición de los trabajadores. Los problemas financieros y laborales de esta corporación están llegando a un punto crítico con el reciente anuncio de la paralización de las operaciones y por el hecho de que el pasado 10 de junio, la Junta de Acreedores de DRP aprobó finalmente el plan de venta del complejo de La Oroya y la mina de Cobriza, presentado por el banco de inversión suizo UBS. La fecha anunciada  para la venta es el próximo 8 de diciembre. Entre los posibles compradores interesados de este complejo con más de 90 años de funcionamiento y que requiere una inversión aproximadamente de US$ 768 millones para su modernización están la empresa Cormin (Trafigura), Buenaventura, Volcan y Glencore. Finalmente, dos temas de fondo que siguen sin abordarse en La Oroya: el estado actual de la población (por exposición a los gases tóxicos) y la responsabilidad de la remediación de los suelos que recae en el Estado peruano.
En la región Pasco, donde el 17,6% de su territorio está concesionado a esta industria, la situación parece ser la misma año tras año. Un Estado ausente para encarar el proceso de reasentamiento involuntario que no termina de reglamentarse y que tampoco enfrenta el grave problema de contaminación del aire, suelo y agua, que afecta la salud de la población a niveles muy elevados. De las doce empresas que trabajan en Pasco, cinco están vinculadas a la empresa Volcan, que en la última década ha logrado consolidarse y expandirse a través de empresas subsidiarias. A nivel de fiscalización ambiental, en febrero del 2014, el OEFA impuso dos multas por un total de 250 Unidades Impositivas Tributarias (UIT) a Volcan por infringir la normativa ambiental en la Unidad Minera de Cerro Pasco. Pese a estos recurrentes problemas ambientales, Volcan tiene proyectado seguir creciendo en Pasco, con una explotación diversificada en metales base y preciosos.
La macro región norte. Esta zona ha estado fuertemente vinculada al proceso de expansión minera y ha sido el epicentro de una fuerte conflictividad en diversos momentos. Cajamarca, Piura y ahora también Amazonas y Lambayeque son casos representativos de varios ejes centrales de la conflictividad social vinculada a la minería en lo últimos años.
Amazonas cuenta con el 6,7 % de su territorio concesionado a la minería. Durante el primer semestre de 2014 la Defensoría del Pueblo reportó sólo un conflicto minero en  esta región -que nace en el 2008-: el caso entre comunidades nativas del distrito de El Cenepa y las empresas mineras que proyectan actividades en sus territorios; específicamente la Compañía Minera Afrodita en la Cordillera del Cóndor, por los riesgos de impactos negativos e irreversibles en los frágiles ecosistemas de la zonas y las fuentes de agua que son el sustento de sus habitantes, quienes temen que un futuro cercano se repita el trágico escenario de Madre de Dios.  Las organizaciones indígenas consideran que es ahora el momento adecuado para suspender el otorgamiento de más concesiones mineras y restituir la extensión inicial acordada en 2004 del Parque en la Cordillera del Cóndor como área natural protegida. Si bien la empresa insiste en la titularidad directa e indirecta de varias concesiones mineras en esta cordillera, aún no inicia los trámites necesarios para la explotación de oro a tajo abierto que se había proyectado en la zona.
Cajamarca cuenta con el 40,2% de su territorio concesionado a la industria minera. Esta región mantiene una participación estelar en la cartera de inversiones mineras ocupando el tercer lugar en el ranking. Además registra un gran número de conflictos, el 92% de ellos por causas socioambientales, mayoritariamente relacionados con la actividad minera. Sin duda, el conflicto más importante sigue siendo el del proyecto Minas Conga. Como se sabe, el proyecto pretende explotar dos depósitos con contenido de cobre, oro y plata, afectando todo un sistema de lagunas alto andinas, lo que ha provocado el rechazo y reacción de la población al mismo. En abril se retomaron las movilizaciones, y en mayo la DINOES intervino a un grupo de personas. En ese mismo mes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se pronunció sobre las medidas cautelares sobre el caso Conga solicitadas por varias organizaciones. Este organismo exige al Estado peruano que adopte una serie de medidas para garantizar la vida y la integridad de líderes cuya vida e integridad personal están amenazadas y en riesgo. Además, la detención del presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, ha causado sorpresa y preocupación, y se especula que es una suerte de “sanción” por oponerse al proyecto Conga.
Piura, con el 30,6% de su territorio concesionado, figura entre las regiones con mayor conflictividad socioambiental. En el semestre, los principales casos de conflicto están vinculados a la creciente presencia de la actividad minera informal, sobre todo en el distrito de Suyo, en la provincia de Ayabaca; y en el distrito de Las Lomas, en Piura; lo que está generando un clima de inseguridad y violencia entre los comuneros, y está afectando las actividades tradicionales de la zona, como es la agricultura. Aunque no hay cifras oficiales, la minería ilegal instalada en el distrito de Suyo, produciría aproximadamente 8 mil kilos de oro al año. Los dirigentes de los mineros de La Servilleta, en Suyo, participaron con una delegación en la protesta nacional denominada Marcha Minera de los Cuatro Suyos, realizada en el mes de marzo y que llegó a la ciudad de Lima. Asimismo, dos casos han marcado la agenda en esta región: el proyecto Tambogrande y el de Río Blanco. En ambos casos, luego de situaciones de enfrentamiento entre la población y los promotores de proyecto, las organizaciones sociales y las autoridades municipales organizaron procesos de consulta que mostraron con claridad y contundencia el rechazo a los respectivos proyectos.
 
Finalmente, Lambayeque no es una región que haya estado vinculada a la actividad minera en el país, pero han avanzado las actividades de exploración en los últimos años (25% del territorio concesionado a la minería).  Sin duda, el caso más conocido es el del proyecto Cañariaco, ubicado en el distrito de Cañaris. Se ha convertido en un caso relevante porque se trata de una comunidad campesina, reconocida formalmente como indígena, que reclama su derecho a la consulta previa, libre e informada frente a la posibilidad que se desarrolle el proyecto minero. Además de la ausencia de un proceso de consulta, existen serios cuestionamientos a los permisos del uso del terreno superficial. Del otro lado, la denuncia de la comunidad de San Juan Cañaris presentada a la CIDH se encuentra en trámite y ya ésta habría remitido al Estado para que realice sus descargos. En cuanto a la Mesa de Desarrollo instalada desde enero de 2013 y que ha concluido en marzo de 2014, el Gobierno dio por concluida su labor; sin embargo, ha mostrado esta mesa serias limitaciones que han puesto de manifiesto la ausencia de una perspectiva de desarrollo local y clara situación de relación asimétrica entre los actores.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La eliminación del EIA implica que el Estado no cumpla su rol de garante de derechos

Ana Leyva, abogada de la Fundación Ecuménica para el Desarrollo y la Paz, Fedepaz, habla sobre los impactos de la posible eliminación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para actividades de hidrocarburos. Asimismo, hace un balance de cómo va el proceso de consulta previa en el país.

P.- ¿Qué opina sobre el pedido de Comex (Sociedad de Comercio Exterior del Perú) de exonerar de la consulta previa a los proyectos de interés nacional para agilizar las inversiones en el país?
R.- La propuesta de Comex de eliminar la consulta previa para los proyectos de interés nacional tiene como supuesto que ésta es un “mero trámite”. Esto es preocupante, porque olvida el sentido que tiene la consulta. Cuando se trata de proyectos de  actividades que impactarán en la vida de una población indígena, es importante que ésta sea consultada, porque sus derechos e intereses pueden verse afectados, así lo reconoce el Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT).

La consulta puede permitir que se incorporen las preocupaciones respecto del proyecto y, en muchos casos, la mejora del diseño del mismo para que el impacto negativo sea menor, o incluso, para que se generen impactos positivos para dicha población.

Esta exoneración implicaría que el  “interés nacional” debería imponerse por encima de los derechos de una población indígena, sin importar los costos. El que un proyecto sea de interés nacional, no modifica su impacto en las poblaciones indígenas y locales.  En consecuencia, no se trata de “tramitología” sino del respeto de los derechos.

P.- ¿Qué opina sobre la posibilidad de eliminar el estudio de impacto ambiental (EIA) a las actividades de exploración petrolera?
R.-  No es cierta la afirmación de que la prospección sísmica carezca de impactos. Por lo tanto, sería un grave error  la eliminación de la exigencia del EIA para esta actividad.

En las actividades de exploración petrolera, la prospección sísmica es la primera etapa. Sus impactos están relacionados a la construcción de las vías de acceso  al área del proyecto y al uso de explosivos en el suelo. Con ellos se produce  una onda, que sirve para identificar las formaciones rocosas con más posibilidades de contener petróleo o gas.

La construcción de vías de acceso puede suponer la afectación de flora y fauna (por ejemplo mediante el desbroce de árboles), la afectación de patrimonio cultural o del paisaje, etc. El uso de explosivos puede hacer que el suelo pierda estabilidad o se afecten cursos de agua subterránea, etc.  Más aún cuando se trata de prospección sísmica de 4 dimensiones, que requiere de explosiones sucesivas. Los impactos dependen de dónde se realiza la actividad, las características de ésta, la tecnología usada y las medidas de prevención que se tomen.

Los estudios ambientales sirven para prevenir o minimizar los impactos negativos.  Un estudio ambiental debería señalar la ubicación, el diseño o la tecnología más conveniente para que la actividad minimice o elimine el daño que puede ocasionar. Por lo tanto, no son un mero trámite. Si se eliminan, estamos dejando a la buena voluntad de las empresas el cuidado del medio ambiente. En este supuesto, si hubiera una empresa irresponsable que por minimizar costos pretende hacer las cosas de mala manera, tendría el camino libre.

Países como Ecuador, con una importante producción petrolera, exigen la presentación de estudios de impacto ambiental. Colombia lo exige para zonas ambientalmente sensibles y actualmente hay una propuesta para extenderla a toda la actividad sísmica.

El Estado, en su rol de garante de derechos y protector del ambiente, no debería prescindir de un instrumento que le permite prevenir daños ambientales y sociales.

P.- ¿Cuál es el objetivo de sustituir el EIA por una Declaración de Impacto Ambiental (DIA)?
R.-La diferencia entre un EIA y un DIA no es solo de “mero trámite” como se insinúa. Las DIA se presentan cuando el impacto de una actividad es mínimo y por ello toma la forma de una declaración jurada. Siendo así, los requisitos son poco exigentes y el  proceso de aprobación tiene plazos muy cortos. Por el contrario, los EIA se presentan cuando el impacto puede ser significativo y por lo tanto, se exige un estudio mucho más detallado, cuya revisión requieren de mayor tiempo.

 Como ya señale, los impactos de la prospección sísmica pueden ser variados, dependiendo del tipo de proyecto y del lugar dónde se realiza (bosques, desiertos, etc). En consecuencia, en algunos casos, se debería  exigir un DIA  y en otros, un EIA. 

P.-  ¿Cuál es la señal que está dando el Ejecutivo con este planteamiento?
 R.- Llama la atención que en el Perú, sea el Ministerio de Energía y Minas (MINEM) quien hace un anuncio de esta naturaleza, cuando lo referido a la regulación ambiental  compete al Ministerio del Ambiente. En las declaraciones del MINEM subyace la idea de que toda inversión es buena. Sabemos que esto no es así. Existen empresas responsables y otras que no lo son, para muestra basta recorrer el país.  Por lo tanto, el Estado, en su rol de garante de derechos y  protector del ambiente, debería discriminar cuándo estamos ante uno y otro caso. Los estudios ambientales son instrumentos que permiten al Estado velar porque las inversiones sean responsables. Si se los debilita o elimina no tendrán manera de cumplir con este rol.

P.- ¿Cuáles son los obstáculos que existen para que se implemente la consulta previa en el Lote 192?
R.- Es un caso complejo porque ya son 40 años de impactos ambientales y sociales en esta zona. Lo que pretenden las comunidades es que en la fase previa del proceso de consulta, se establezca un cauce institucional que les permitan que se atiendan sus principales demandas [indemnización por los daños sociales y ambientales producidos, compensación por el uso de sus tierras, remediación de pasivos ambientales, elaboración de diagnósticos integrales para dar solución a la problemática de la zona y titulación de sus territorios].

Estas demandas no tienen que resolverse inmediatamente. Lo que quieren las comunidades es un compromiso del Estado para saber cómo se va a solucionar, quién se va a hacer responsable, cuánto dinero va a costar y quién lo va a pagar. Porque si entran a discutir las condiciones de una nueva operación sin  tener claro eso, ¿En qué situación queda lo anterior? A pesar de que se haya dicho que se ha remediado la zona, los problemas de contaminación continúan, y son estas comunidades las que sufren sus consecuencias. Frente a ello, el Estado tiene un problema de eficacia y oportunidad. Su reacción es muy lenta y muestra muy pocos resultados. Las comunidades quieren que las salidas resuelvan los problemas que tienen, ya que principalmente amenazan su vida y su salud.

No hay un avance real en la remediación porque es costoso hacerlo, y asumir esta tarea de manera seria requiere de  estudios y de una fuerte inversión por parte del Estado y de la empresa comprometida. Existe el principio de “contaminador-pagador”, que debería ser respetado.

P.- ¿Teme que el Estado suspenda el diálogo con las comunidades y se bloquee el proceso?
R.-  Sí, los plazos van corriendo y el Estado tiene la urgencia de que la producción continúe. Hay voces que dicen que ya no habría consulta porque los tiempos no lo permitirían ya que el contrato con Pluspetrol en el Lote 192 vence en el 2015-,  y en consecuencia el Estado estaría optando por una ampliación del mismo.

Para otros, no podría ser posible ya una ampliación y habría que realizar la licitación del lote, lo que supone un proceso de consulta previa. En este caso, habiendo la premura antes señalada, nos preguntamos por qué el Estado no muestra la voluntad de avanzar o lo hace tan lentamente.

Consideramos que la consulta se debe realizar porque lo que está en juego finalmente son un conjunto de derechos: a la tierra, a los recursos naturales, a un medio ambiente sano, al desarrollo y a la misma consulta. Recordemos que Perú ha suscrito el Convenio 169 de la OIT  y ha aprobado una Ley de Consulta y un Reglamento. Es momento de que implemente la consulta previa. Las comunidades de esta zona están dispuestas a dialogar sobre el tema petrolífero en condiciones adecuadas.

P.- En la base de datos de pueblos indígenas publicada por el Ministerio de Cultura figuran hasta el momento cuatro pueblos andinos como indígenas, pero el presidente Ollanta Humala llegó a decir en una entrevista televisiva que en la zona andina no existían indígenas, sino campesinos, y por tanto los excluía de la consulta previa. ¿Por qué se dijo esto?
R.-  En el ande peruano hay campesinos pero también existen comunidades campesinas. Estas son muy numerosas y tienen buena de su territorio concesionado para actividades extractivas. Se ha señalado que estas comunidades han perdido su identidad por estar expuestas a un contacto permanente con poblaciones más occidentalizadas. Lo que no es cierto en un gran número de casos.

El Convenio 169 admite la posibilidad de que haya cambios culturales en los pueblos indígenas u originarios. Lo que señala es que algunos elementos de ésta se mantengan, que haya continuidad histórica con los pueblos anteriores a la fundación del Estado. Además de exigir que exista el elemento subjetivo, que es el del auto reconocimiento.

Si bien se trató  de “sacar la vuelta” al Convenio y a la propia ley, dicha discusión se ha ido, de alguna manera, zanjando por la incorporación de los pueblos andinos a la base de datos de pueblos indígenas.

P.- ¿Ha influido en la decisión de reconocer a tan sólo cuatro pueblos andinos como indígenas el hecho de que en esa zona se concentren concesiones mineras?
R.-  En la Base de Datos se ha registrado a pueblos como los quechua y aymara, Existiendo el inconveniente que esta terminología no ha sido empleada en el Perú, pues los pueblos indígenas se encuentran agrupados, en la zona andina y costeña, como comunidades campesinas.  En consecuencia, respecto de ellas queda pendiente su identificación.  Son ellas las que, por ejemplo, tienen, cerca del 50% de su territorio concesionado. Por lo tanto, todavía queda pendiente el que las comunidades campesinas sean registradas como tales.

P.- También hay críticas respecto a las medidas a consultar a través de la consulta previa…
R.- En el proceso de implementación de la consulta previa, cada sector debe decidir qué actos va a consultar, en el sector minero ya se decidió. Igualmente en el sector petrolero. En este último, se consulta el otorgamiento de algunos tipos de concesiones, la autorización para la instalación de ducto, la suscripción del contrato de exploración y la explotación de lotes y el informe técnico favorable para la instalación de plantas de refinación y procesamiento de hidrocarburos y estaciones de servicios. Pero hay otros actos que están quedando fuera, que son sumamente relevantes. ¿Qué se debería consultar? Se debería consultar decisiones que van a ser trascendentales para la vida de los pueblos indígenas. En estos momentos existe el riesgo que se termine consultando decisiones que no son importantes, vaciando de contenido al proceso de consulta. Es lo que está pasando ahora.

 En el tema minero, se está consultando la autorización de inicio de operaciones para actividades de beneficio, exploración y explotación. ¿Qué quiere decir? Para iniciar actividades hay una serie de permisos que se tienen que dar, y al final de los mismos, hay un último permiso que verifica que todos los anteriores se hayan dado y te da el visto bueno para el inicio de operaciones. Lo que se consulta es ese último permiso. Pero éste no es tan relevante porque las condiciones sobre las que se va a dar la operación minera se discutieron antes, y en esa fase no se realizó la consulta. Todas las obligaciones y condiciones sobre cómo se va realizar la operación ya se discutieron en el Estudio de Impacto Ambiental, y éste es uno de los puntos clave, que, sin embargo, no entra en consulta.

Esto nos preocupa, pues una vez que se han aprobado todos los permisos, ¿qué puedes decidir?  Casi nada.

P.- ¿Cuál ha sido el papel ejercido por el Ministerio de Cultura?
R.- Ha ido exhortando a todos los actores para que implementen la consulta, que definan qué actos se van a consultar para que se pueda entrar en los procesos. Ha ido desarrollando una serie de instrumentos que son necesarios para la consulta: la metodología, la relación de intérpretes o el tema de la base de datos. Sin embargo, creo que el Ministerio debe tener un papel importante en la definición de las decisiones que deben ser consultadas, por ser un ente que tutela los derechos de los pueblos indígenas y para que no se aleje del espíritu de la ley.

P.- James Anaya, ex relator especial de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, en su visita a Perú y al Lote 192, afirmó que: “El Gobierno todavía se encuentra en un proceso de construcción de su capacidad para implementar la consulta previa en términos logísticos y presupuestarios”. ¿A qué se refería con ello?
R.- Yo creo que va más allá de lo presupuestario y logístico, tiene que ver con temas de fondo. Pero, en términos presupuestarios me imagino que se refiere al costo que se tiene que considerar para que una consulta se pueda realizar, porque son poblaciones que están alejadas ¿cómo haces que ellas  participen en los procesos? Me imagino que se refiere a eso. Tiene que ver con intérpretes, con que la información llegue de manera completa, y esto no es tan sencillo. Las comunidades necesitan tiempo para procesar la información, para formarse una opinión y generar sus propias propuestas. Tiene que haber un diálogo con el Estado. Es armar una logística y fortalecer la infraestructura institucional para que la consulta previa pueda implementarse, y esto todavía está en proceso.

Frente a esta necesidad, lo que estamos viendo en el Estado son retrocesos, una  voluntad que se va desvaneciendo porque ve complicada su  implementación, porque considera a la consulta un freno a  las inversiones y no como una posibilidad de hacerlas sostenibles. 


P.- Las comunidades del Lote 192 demandan la titulación de sus territorios. ¿Qué problema existe con el territorio?
R.- Sí, otro tema grande que tiene que ver con la consulta es el uso del territorio. Las poblaciones quieren decidir qué se hace en sus territorios. El instrumento para ello es el ordenamiento territorial y éste debería consultarse, pero, debido a un vacío normativo, se está decidiendo el uso del territorio vía concesiones, pues ese proceso . permite que se otorguen derechos sobre territorios cuyos usos no han sido definidos. Considero que el Estado debe ordenar el territorio y consultar el uso del mismo en general a todas las poblaciones, y más aun tratándose de poblaciones indígenas que tienen derechos ancestrales sobre éste,  el cual forma parte de su identidad. 


Hay una resistencia muy grande en el país por parte de sucesivos gobiernos de ordenar el territorio, de definir su uso con la población.  Esto se debe a que ahora hay un desorden muy grande que permite que los intereses particulares primen – por ejemplo los mineros- sobre otros derechos. 

viernes, 17 de enero de 2014

Incertidumbre sobre el proceso de consulta en el Lote 192


A pesar de los anuncios triunfalistas del Ejecutivo en relación a los procesos de consulta previa en el Lote 169 o por la reciente decisión de publicación de la guía metodológica para la primera semana de febrero, lo cierto es que el proceso de consulta previa en el Lote 192 –emblemático por ser el primero que anunció el Gobierno-sigue entrampado y está rodeado de mucha incertidumbre sobre su futuro.

 “El tema de fondo tiene que ver con el modelo de crecimiento del Estado en los últimos 20 años basado en la extracción de materias primas que están en territorios indígenas. ¿Es posible seguir creciendo de la manera en que se está haciendo  y a la vez respetar derechos de los pueblos indígenas como el territorio o la consulta? Hasta el momento pareciera que no, porque el Gobierno no ha sabido resolver esta situación. El Gobierno tiene la obligación ética, moral y política de encontrar una solución a esto: respetar los derechos de los pueblos indígenas y promover su desarrollo, y a la vez también buscar cómo obtener recursos para la energía que necesite el país”, afirma Ismael Vega, investigador del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP).

“Las comunidades indígenas alrededor del Lote 192 están amparados por la Ley de la Consulta Previa y también por el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Se les tiene que consultar”. “De lo que se trata aquí es de un tema de derechos: derecho a la tierra, a los recursos naturales, a la consulta misma que están en juego”, explica Ana Leyva, abogada de la Fundación Ecuménica para el Desarrollo y la Paz (Fedepaz).

Las comunidades indígenas de las cuencas de los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y Marañón, en la selva loretana, conviven desde los años setenta con la exploración y explotación petrolífera, inicialmente bajo la compañía Occidental Petroleum Corporation of Perú (Oxy) y desde el año 2000 por Pluspetrol. De este lote se extrae casi el 12% de la producción nacional de petróleo. “Se trata de un lote estratégico para el Perú porque si se deja de explotar, se paralizaría la industria en el país, se paralizaría el país en realidad”, explica Vega.

“Sería muy grave que el Ejecutivo rompa el diálogo o que recurra a la extensión del contrato. Las organizaciones indígenas en estas zonas han tenido-y siguen teniendo- una capacidad de respuesta pacífica, empleando todos los recursos legales que el mismo Estado ha aprobado. Pero creo que también estas organizaciones estarían dispuestas a defender su territorio y sus derechos. Creo que se generaría una situación de ingobernabilidad, de escalamiento del conflicto a una situación muy grave que podría ser inmanejable”, sostiene el investigador del CAAAP.

El contrato de concesión de Pluspetrol sobre este lote vence en 2015, por ello las comunidades demandaron al Estado el cumplimiento de cinco demandas mínimas,-como la remediación de la contaminación o indemnización, entre otras-, antes de la realización de la consulta previa anunciada. Sin embargo, el Estado no las ha cumplido hasta el momento y  esto ha provocado el estancamiento del proceso.

“Desde el Gobierno ha habido la idea de que la consulta previa era un proceso que solo se podía resolver diciéndole a los pueblos indígenas los beneficios económicos que se pueden obtener de la actividad petrolera. Mientras para el Gobierno la intervención del territorio tiene que ver básicamente con la evaluación de costos y beneficios, para los pueblos indígenas constituye un espacio a partir del cual se estructura toda su vida”, afirma Vega.

viernes, 13 de diciembre de 2013

James Anaya: “Los pueblos indígenas en el Perú han sufrido consecuencias devastadoras de los proyectos extractivos en sus territorios”

Hoy ha concluido la visita del Relator de Naciones Unidas, James Anaya, quien desde el 6 de diciembre ha recogido información de parte de representantes del Gobierno, a nivel nacional y regional, las poblaciones afectadas por los proyectos extractivos y las empresas. Así, en la conferencia de prensa presentó las observaciones y recomendaciones preliminares, siendo uno de los puntos principales sus impresiones de la visita (10 y 11 de diciembre) a las comunidades indígenas alrededor del Lote 192 (ex lote 1AB) en Loreto.
 
Anaya resaltó que durante su visita los dirigentes indígenas manifestaron reiteradamente que ellos no se oponen al desarrollo, pero que ese desarrollo debe tener consonancia con sus derechos, incluyendo sus derechos sobre sus tierras, recursos naturales y sus propias aspiraciones y prioridades para el desarrollo.
 
“Un ejemplo de las varias experiencias negativas con la extracción de recursos naturales en el Perú es la situación de los pueblos indígenas en las cuencas de los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y Marañón. Estos pueblos, por más de  cuatro décadas, han sido afectados por la explotación petrolera en el Lote 1-AB en el departamento de Loreto. He podido constatar personalmente los serios problemas  ambientales que existen en esta zona a raíz de la actividad petrolera. Esto incluye la contaminación de los cuerpos de agua y suelos utilizados por los pueblos indígenas de esa región lo que ha afectado sus fuentes de alimentación y su salud”, señaló.
 
Sostuvo que la presencia de contaminación ambiental producto de la actividad petrolera durante las últimas cuatro décadas representa una situación crítica que debe ser atendida con la urgencia que merece. Es necesario que el Gobierno y la empresa realicen mayores esfuerzos para asegurar la remediación ambiental en el Lote 1-AB sin dilatación por razones de una falta de claridad sobre la responsabilidad empresarial.
 
Respaldó además las demandas de los pueblos indígenas de esta parte del parte del país como precondición para entrar en el proceso de la consulta previa que se contempla llevar a cabo alrededor de la licitación de la concesión del lote 192 que está prevista para el año 2015, como: la titulación de sus tierras, una mayor presencia del Estado en la zona, indemnizaciones por 40 años de explotación petrolera, y la compensación por el uso de sus tierras para actividades petroleras. “Coincido en que estas condiciones son justas y conducentes para un proceso de consulta productivo en relación con una posible nueva concesión petrolera en el área.
 
Invocó a las partes que aprovechen de esta oportunidad de acercamiento para buscar soluciones a los problemas planteados.
 
Anaya durante su visita a las comunidades indígenas de las cuencas del río Pastaza, Tigre y Corrientes visitó las lagunas de Shanshococha, Ullpayacu, Pampaliyacu y los depósitos sólidos, a fin de comprobar la contaminación de la zona, donde sostuvo que "la actividad petrolera en sus tierras es sumamente preocupante".
 
 
Ante la presencia de 150 apus prometió monitorear la situación y llevar su mensaje al gobierno y a la comunidad internacional.
 
En Shanshococha Juan Pablo Callas monitor ambiental quechua mostró el crudo se la laguna al momento de afirmar que "Pluspetrol ha rellenado la laguna tapando las evidencias del crudo, pero sigue filtrando petróleo". Asimismo se lamentó: "mis ancestros han subsistido de esta laguna. Seguimos pescando aunque sabemos que está contaminada."
 
 
Los apus le mostraron uno de los 26 cementerios de chatarra encontrados hasta el momento, que habrían sido enterrados por la empresa Oxy y Pluspetrol. Otro de los lugares visitados fue la laguna Ullpayacu. En 2007 el Ministerio de Energías y Minas dio el visto bueno al plan de remediación de suelos. Sin embargo en 2012 informes de la Digesa, ANA y OEFA mostraron que está zona está gravemente contaminada.

El recorrido finalizó en la extinta laguna Pampaliyacu, el arenal, cuyas aguas han sido reemplazadas por el crudo.
 
Consulta previa:
Enfatizó que una condición necesaria para el desarrollo de la consulta previa es la creación de un ambiente de confianza mutua. “Los pueblos indígenas en el Perú han sufrido a lo largo de los años las consecuencias devastadoras de proyectos extractivos en sus territorios, una historia que ha resultado en una deterioración de las relaciones entre los pueblos indígenas y el Estado, que todavía falta mucho por superar”, dijo.
 
“El reto ahora consiste en asegurar la implementación de la consulta previa de una manera conforme a los estándares internacionales relevantes. Durante esta visita, he constatado que se han dado pasos hacia la implementación de la consulta previa en el país, incluyendo en el contexto de proyectos de industria extractivas. Sin embargo, estos pasos se encuentran todavía en sus fases incipientes y según lo expresado tanto por representantes el Estado como por parte de los pueblos indígenas, el Gobierno todavía se encuentra en un proceso de construcción de su capacidad para implementar la consulta previa en términos metodológicos, logísticos y presupuestarios”, dice Anaya.
 
“Revisare la extensa información recibida con el fin de elaborar un informe sobre los temas estudiados y para hacer una serie de recomendaciones. Este informe se hará público en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2014”.
Crédito de las fotos: Grupo Técnico de las Federaciones Indígenas/Javier Dueñas.
 
Grupo Técnico de las Federaciones Indígenas (Federación Indígena Quechua del Pastaza- Fediquep y Feconat- Federación de las Comunidades Nativas del Alto Tigre) integrado  por el Instituto de Defensa Legal, Solsticio Defensa Indígena, Oxfam, Fedepaz, RainforestNY.
 

jueves, 12 de diciembre de 2013

Informe OCM: El 2014 el nuevo foco de conflicto estará marcado por la minería ilegal

·         El crecimiento descontrolado de la minería informal  abre un horizonte marcado por la conflictividad social los primeros meses del próximo año.
·         A noviembre de 2013, según el mapa de concesiones mineras, el 21,20% del territorio peruano se encuentra concesionado, es decir más de 26 millones de hectáreas.

 
El último informe del Observatorio de Conflictos Mineros en el Perú presentado por tres organizaciones: Grufides, CooperAcción y Fedepaz, identifica a la minería informal como uno de los principales focos de conflicto a nivel nacional con un crecimiento explosivo y descontrolado.  Entre 2005 y 2011  el número de titulares en régimen de minería artesanal se han incrementado en un 20%, mientras que el área concesionada prácticamente se triplicó, pasando de 1.5 millones a 4.4  millones de hectáreas, muchas de las cuales se convertirán en operaciones legales o serán tomadas por mineros ilegales.
 
Jose de Echave, investigador de CooperAcción, resaltó que si bien el 2012 los conflictos sociales han disminuido, pero los conflictos latentes se mantienen en proyectos mineros como Conga (Cajamarca), Espinar (Cusco),  Tía María (Arequipa) y en Madre de Dios por la concentración de la minería ilegal. Señaló que la agenda de los conflictos se ampliaron, en años pasados los temas que movilizaban a las poblaciones era el agua y la tierra y que actualmente los conflictos latentes son por la reducción del canon minero, la incesante minería informal en un número creciente en regiones y las políticas para destrabar las inversiones.
 
El informe destaca que la región Apurímac sigue siendo, de entre las  zonas monitoreadas, la región que concentra mayor cantidad de conflictos sociales, y sigue consolidando como el nuevo centro de inversión minera, concentrando el 21% de la cartera de inversión minera con proyectos como Las Bambas, Apurímac Ferrum, Los Chankas, entre otros. Solo el proyecto de Las Bambas demanda una inversión de más de US$ 5,200 millones.
 
De Echave señaló que durante el 2011 y 2012 las inversiones mineras no se han reducido, que según cifras oficiales del Ministerio de Energía y Minas muestran que en esos años las inversiones se incrementaron en un 18% pasando de US$ 7,243 millones a US$ 8,549 millones, una tendencia que continuó durante el primer semestre de 2013, aumentando en un 19%. Es decir que las políticas para  “destrabar las inversiones” no han tenido justificación.
 
Ana Leyva, abogada de Fedepaz señaló que la minería ilegal en la región Piura se viene desbordando y que las competencias que se les ha dado a todos los gobiernos regionales son insuficientes porque no tienen capacidades para abordar el tema, por lo que se requiere que el Estado tenga capacidad multisectorial para enfrentarla.
 
Así el informe agrega que de las aproximadamente 70 mil Declaraciones de Compromiso presentadas a noviembre de 2012, a agosto de 2013, sólo 20.875 mineros habían iniciado el trámite de formalización.  A comienzos del 2012, el Ministerio de Energía y Minas estimó que hay unos 100.000 mineros, en su mayoría informales, y unas 400.000 personas que dependen de estas actividades.
 
Pablo Sánchez de Grufides presentó el impacto del megaproyecto de la hidroeléctrica Chadín 2, conformado por 24 hidroeléctricas,  y que se convierte en Cajamarca en un nuevo núcleo de tensión, luego de la violenta represión de la policía en julio de 2013, contra pobladores afectados. Los pobladores denunciaron irregularidades en la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental del megaproyecto. Afirmó que el megaproyecto desaparecería el río Marañón, que pasaría de un caudal de 450 m3/segundo a 70 m3/segundo durante el llamado de embalse.
 
Cifras:
Este 2013 Apurímac registra un 66.5% de su territorio concesionado a la minería, más de un millón 388 mil hectáreas, 12.1% más que el año 2012.  La venta del proyecto de las Bambas la empresa minera Glencore Xstrata e ha convertido en una nueva posibilidad de inversión para numerosas empresas que están presentando sus ofertas, entre ellas, destaca la fuerte apuesta que están realizando las corporaciones chinas.
 
Cusco tiene el 23.6% de su territorio concesionado, más de un millón 695 mil hectáreas. Como resultado del crecimiento sostenido de la actividad minera en la región se abrieron varios procesos de diálogo, entre ellos se encuentra el de Espinar donde se ha acordado la continuación de los Monitoreos Ambientales Participativos, aunque las negociaciones para la Reformulación del Convenio Marco siguen detenidas. Esta región es la más golpeada por la reducción de canon minero.
 
En Cajamarca, El 42.2% del territorio está concesionado a la minería. El sistema de vigilancia establecido en Conga, promovido por las rondas campesinas y pobladores afectados,  ha asumido un rol fundamental en la defensa de las tierras y de los recursos hídricos de la región, por ello, están en el punto de mira de las fuerzas de seguridad siendo objeto de violentas agresiones y del hostigamiento.
 
En Junín, Más de un millón de hectáreas de su territorio se encuentra concesionado, es decir un 27.4% de su territorio.
 
La región de Piura tiene un 32% de su territorio concesionado. Aparentemente en esta región se trata de reactivar la actividad extractiva.