lunes, 21 de enero de 2013

La renuncia de Humberto Campodónico y el debate estratégico sobre Petroperú


Carlos Monge

Coordinador Regional América Latina

Revenue Watch Institute

 

Humberto Campodónico presentó a fines del año pasado su renuncia a la Presidencia de Petroperú. Y con el renunciaron también dos de los miembros de su Directorio. El gobierno ha nombrado a un funcionario del propio Petroperú, Héctor Reyes Cruz, en reemplazo de Campodónico y ha reemplazado también a los dos directores renunciantes.

¿Por qué la renuncia? Si uno lee entrevistas concedidas por el Ministro Merino y el renunciante Campodónico en días pasados, llegaría a la conclusión de que en realidad no habría ninguna razón para la renuncia, ni tampoco para aceptarla. Pues, en efecto, de acuerdo al Ministro Merino, lo que hicieron Campodonico y su Directorio –básicamente el proyecto de modernización de la Refinería de Talara y la negociación con Talisman Energy para que esta entregue a Petroperú el Lote 64 del cual se está retirando- son acciones que forman parte de la estrategia del gobierno y han sido llevadas  a cabo de manera exitosa. Y del lado de Campodónico se anotan discrepancias ideológicas con el neoliberal Ministro Castilla, pero no abunda en detalles.

Pero los que saben dicen que la procesión iba por dentro. Para comenzar, hacia ya 6 meses que –según el mismo declara- Campodónico no tenía trato directo con el Presidente Humala. Y en realidad las relaciones entre Petroperú y el Ministerio de Energía y Minas no eran tan fluidas que digamos. De hecho, cuando la Presidenta de Petrobras visito Lima hace poco tiempo, Campodonico no fue invitado. Lo mismo cuando se anunció que Talisman Energy se retiraba del Peru y transferiría el Lote 164 a Petroperú.  Desaires evidentes que harían ver a cualquier funcionario cuan poco apreciado es en su propio sector. Y además Campodonico era un histórico defensor del proyecto Kuntur / Gasoducto Sur Andino y había avanzado desde Petroperú en acuerdos con los Gobiernos Regionales del Sur basados en el diseño original, antes de las marchas y contramarchas que este proyecto ha sufrido durante la gestión del Ministro Merino.  Claro, no le correspondía discrepar en público con los vaivenes del Ministro en este terreno, pero obvio que no hacia suyo el zig zag del gobierno. Por la misma razón, tenían credibilidad los rumores que decían que “ya le estaban buscando cargo afuera” para endulzarle la salida, en alusión a la fórmula tradicional de buscarle una embajada de menor rango al ex amigo incómodo.

Sin embargo, más allá de las razones puntuales que precipitaron la renuncia y su prontísima aceptación por el Gobierno del Presidente Humala, la verdadera interrogante es hoy sobre la continuidad o reversión de las políticas que Petroperú venía impulsando, y –tema no menor- sobre las maneras de ponerlas en práctica.

En mi opinión se plantean dos escenarios. El primero, que se mantienen las políticas impulsadas por Campodónico pero con nuevos operadores. El segundo, se cambian esas políticos y por ello los nuevos operadores.

Sobre el escenario de continuidad de las políticas, podría pensarse que se buscan operadores para las mismas políticas, pues los anteriores serian ineficientes. Sin embargo, no hay evidencias de ello y por el contrario, los resultados de la gestión de Campodónico han sido positivos tanto en términos empresariales como en términos del diseño del Plan de Modernización de la Refinería de Talara (PMRT) y la gestiones para que Petroperú retorne a las actividades de explotación petrolera, en este caso heredando de Talisman Energy el Lote 64 y logrando que el gobierno apruebe una política para participar como accionista minoritaria en nuevas concesiones.

Entonces, si la gestión era eficiente, ¿porque cambiar a quienes la diseñaron e implementaron? Me temo que una respuesta posible tenga que ver con la corrupción. Me refiero a lo siguiente: tanto en Talara como en la explotación de Lote 64 y los que vengan después, hay que gastar mucha plata. Por ejemplo, el ingreso a la extracción petrolera supone que Petroperú tome muchas decisiones logísticas y cierre contratos que tienen  que ver con el transporte, el personal, los servicios básicos al proceso mismo, etc. y en el caso de la modernización de la Refinería de Talara, habrá que gastar casi 3,500 millones de dólares.

Me queda claro que el equipo de Campodónico en Petroperú aseguraba una gestión absolutamente transparente y pulcra de estas enormes cifras de dinero. La interrogante es si la nueva gestión da las autoridades ahora encargadas asegura esa misma transparencia. En este terreno, me preocupa que uno de los miembros del nuevo Directorio –Luis Baba Nakao- haya sido Presidente de COFIDE durante la dictadura de Fujimori y Montesinos y parte entusiasta de la campaña política del fujimorismo y la derecha contra Ollanta Humala en las elecciones del 2011.

Habrá pues que tener los ojos muy abiertos respecto de cómo se ponen en práctica estos proyectos, de cómo se gestionan estos recursos. Habría que comenzar por demandar que la nueva gestión de Petroperú instale algún mecanismo de transparencia que permita ver como se ejecutan estos proyectos, particularmente la modernización de Talara.

Sobre el escenario de cambio en las políticas impulsadas por Campodónico, un reciente editorial del Diario El Comercio, plantea con claridad el debate de fondo: tanto la modernización de la Refinería de Talara como hacerse cargo de la explotación del Lote 64 (y otros después) son caprichos de Campodónico, errores estratégicos propios de un estatismo empresarial, cosas que no se debe hacer, acciones que deberían pararse.

Conviene ver sus argumentos, uno por uno.

Primero, “la impermeabilidad frente la experiencia”. Se apela a que en la experiencia histórica peruana la empresas estatales han sido ineficientes, pero se escoge ignorar que en la experiencia contemporánea la tendencia mundial es hacia la predominancia de las empresas estatales en el sector petrolera y que varias de ellas en América Latina -como Ecopetrol de Colombia, Petrobras de Brasil y Enap de Chile- son hoy modelo de gestión transparente y eficiente.

Segundo, “la ausencia de cualquier sentido de proporción entre medios y objetivos”, pues Petroperú pretender gastar 3,450 millones de dólares cuando apenas ha tenido ingresos el 2012 por 82 millones de soles. Presentadas así las cosas, el PMRT parece absurdo. Pero El Comercio escoge ocultar que los estudios hechos por Macroconsult indican que: i) en la actualidad el Perú pierde mucho dinero pues exporta crudos pesados baratos para importar crudos ligeros caros y refinarlos para consumo interno; ii) que la inversión en la Refinería de Talara permitirá al Perú procesar esos crudos pesados, ahorrándose lo que ahora gasta en importar crudos caros; ii) que en el mediano plazo se recuperará la inversión y se generarán ahorros para el fisco. También olvida El Comercio mencionar que la refinería una vez modernizada bajar de manera impresionante los niveles de azufre en la gasolina, lo que bajara los índices de contaminación del aire y de enfermedades asociadas a esa contaminación, cuyo tratamiento tiene también un enorme costo para los afectados y para el Estado.

Tercero, “la capacidad de autoengaño”, pues Talisman estaría dejando el Lote 64 al ser este poco rentable, un mal negocio. La verdad completa es que Talisman invirtió 400 millones en la exploración y no encontró  petróleo suficiente para recuperar su inversión. Pero Petroperú hereda ese pozo sin tener que repetir la inversión, y además no tiene que pagar costo de transporte pues el oleoducto es suyo. En suma, lo que es mal negocio para el que invirtió (Talisman) es buen negocio para el que lo hereda gratis (Petroperú) pues el petróleo encontrado (ligero y de buen precio, no pesado y de bajo precio como equivocadamente dice el EC) si paga los gastos operativos de extracción y deja ganancia.

Cuarto, “la disposición de sacrificar, en el camino de la realización del capricho, todo lo demás”. El Comercio sugiere –sin ofrecer ninguna prueba- que la estrategia de hacer que Petroperú participe en las nuevas concesiones petroleras como socio minoritario este frenando las inversiones privadas en el Perú. Pero en el mismo párrafo se ve obligado  a reconocer que las razones reales que pueden explicar un menor interés de inversionistas privados es la resistencia de las poblaciones indígenas, las demoras en conseguir permisos ambientales y lo atractiva que puede resultar ahora la inversión en gas de esquisto en USA.

Por ahora, el nuevo directorio de Petroperú no parece estar haciendo caso a llamados como el de El Comercio para tirar por la borda todo lo avanzado. De hecho, en su primera reunión el Directorio aprobó y formalizó el traspaso del Lote 64 de Talisman a Petroperú.

Pero, el mensaje es claro: un importante vocero del sector político y empresarial neoliberal del Perú considera que hay que desmontar todo lo avanzado. Para Piura eso significaría decirle adiós a la inversión en la modernización de Talara, con la consiguiente pérdida de una enorme oportunidad de generar empleos en Talara y a nivel nacional. Por ejemplo, Macroconsult ha estimado que en Talara la etapa de inversión generará un promedio de 600 empleos directos y 2,400 empleos indirectos, mientras que al entrar en operación a partir del 2016, la planta generará unos nuevos 400 empleos permanentes en Talara, también con efecto multiplicador en la generación de empleos indirectos.

Estamos pues avisados. Hay nuevos jefes en Petroperú. Estos tienen en sus manos una enorme inversión y hay que estar seguros de que esta se lleva a cabo con honestidad y eficiencia. Pero también están los voceros del neoliberalismo cerrado, que preferirían que se desande todo lo andado, con enormes pérdidas para Talara, la región Piura, y el país.
Publicado en la Revista Semana del Diario El Tiempo

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